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Desafío electoral: Evo Morales busca su cuarto mandato

El presidente boliviano busca su tercera reelección en una contienda que promete ser reñida.

Después de una carrera presidencial que se remonta al año 2016, con la celebración de referéndum que buscaba permitir su reelección, el presidente boliviano busca validar su cuarto mandato. Pero, según se prevé, las elecciones pueden resultar muy ajustadas.

Esta mañana de domingo, Evo Morales emitió su voto en El Chapere y marcó el comienzo de una jornada electoral que puede traer sorpresas y cambios en la política del país. Con un contexto latinoamericano adverso, el presidente sobrevivió a los años flacos de aliados progresistas.

Con Venezuela vetado de la participación internacional, el retroceso del PT en Brasil, la salida del Kirchnerismo del poder en Argentina y de Bachelet en Chile, además de la ya profundizada política de derecha del vecino Paraguay, Evo Morales supo sortear el clima adverso durante sus últimos años de presidencia. A este tablero sudamericano, podemos sumarle la salida de Humala en Perú y de Correa en Ecuador, los últimos bastiones de una forma de hacer política que dominó la primera década del nuevo siglo.

Ahora, después de varias vueltas legales para poder llegar a ser candidato, Morales enfrenta una reñida elección después del desgaste que puede generar tres gestiones presidenciales. Es que, más allá de que los números de la economía boliviana son alentadores, el potencial cuarto gobierno del presidente es amenazado por un viejo conocido de la política boliviana.

Carlos Mesa es el líder del parido Comunidad Ciudadana, quien se encuentra en posición de poder arrebatarle el mando de gobierno a Morales. Mesa ya fue presidente en el año 2003, a raíz de la acefalía que generó la fuga a los Estados Unidos del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

De todas maneras, Mesa sólo pudo sostenerse en el poder un año y acarrea al día de hoy denuncias por corrupción. Sin embargo, el político de 66 años busca revancha en su carrera y se encuentra en la privilegiada situación de poder hacer mella al mando de uno de los presidentes más populares de la historia del país del altiplano.