Cuando el churrero recorría la playa y los canillitas anunciaban las noticias: la Madryn que muchos extrañan
Un emotivo relato de Nora Liliana Arce recupera los sonidos, sabores y costumbres de otros tiempos. Desde los vendedores ambulantes hasta los autos clásicos y las golosinas del cine, sus recuerdos invitan a viajar al pasado y reflexionar sobre las cosas que cambiaron con los años.
Hay sonidos que nunca se olvidan, aromas que nos transportan directamente a la infancia y personajes que, aunque ya no formen parte de la vida cotidiana, siguen presentes en la memoria. El grito del churrero en la playa, el silbido del afilador, los canillitas anunciando las noticias y los vendedores ambulantes recorriendo las calles forman parte de esas postales que muchos vecinos de Puerto Madryn recuerdan con cariño.
La escritora Nora Liliana Arce compartió en sus redes sociales un emotivo relato en el que invita a viajar al pasado y recuperar aquellos pequeños momentos que marcaron a generaciones.
"Voy a pintar con palabras una pequeña postal de mi pueblo", comienza su publicación, que rápidamente se transforma en un recorrido por los vehículos, los oficios, las golosinas y las costumbres de una época muy diferente a la actual.
Los autos que eran protagonistas de las calles
En su viaje por los recuerdos, Nora menciona aquellos vehículos que alguna vez fueron el orgullo de las familias y que hoy despiertan nostalgia.
El Fiat 600, conocido como el "bolita", el Gordini, el Renault 4L, el Ford Falcon, el Valiant, el Chevy y el inolvidable Torino aparecen entre los protagonistas de su relato.
Pero hay uno que ocupa un lugar especial en su memoria: su Citroën 3CV.
"Casi puedo sentir otra vez la caricia del viento entrando por el techo descapotable", escribió al recordar las sensaciones de conducir aquel vehículo.
Cuando los canillitas y los afiladores recorrían los barrios
Otra de las postales que recupera la publicación es la de los oficios que daban vida a las calles.
Los canillitas anunciaban las noticias mientras recorrían los barrios con los diarios bajo el brazo. Los lustrabotas trabajaban con sus tradicionales cajones de madera, cepillos y betún, mientras que los afiladores anunciaban su llegada con un silbido característico.
Nora recuerda especialmente la experiencia de sentarse frente a un lustrabotas y disfrutar de aquel ritual que tantas veces había observado.
También revive la imagen del afilador sobre su bicicleta, haciendo girar la piedra mientras los vecinos se acercaban con cuchillos y tijeras.
Eran encuentros cotidianos que, además de ofrecer un servicio, generaban conversaciones y vínculos entre quienes compartían las calles.
El churrero en la playa y las golosinas del cine
La playa también tiene un lugar especial en los recuerdos de Nora.
El vendedor de churros, las bolitas de fraile y los chicos corriendo sobre la arena para comprar algo dulce aparecen como parte de aquellas jornadas de verano.
A esa imagen se suma otro recuerdo compartido por generaciones: el kiosco del cine.
Los chocolates Milkibar y Aero, los alfajores Guaymallén, los chocolatines Jack con sorpresa, los caramelos Sugus, las pastillas DRF y los chicles Bazooka eran algunos de los pequeños tesoros que acompañaban las salidas.
También aparecen las galletitas Ópera, Manón, Lincoln, Merengadas, Rumba y tantas otras que todavía despiertan recuerdos entre quienes las disfrutaron.
"Todo se ha vuelto ágil, higiénico, pero distante"
Más allá de los objetos y las costumbres, el relato plantea una reflexión sobre los cambios en la forma de relacionarnos.
Nora recuerda el sonido de las monedas, los billetes gastados que pasaban de mano en mano y las conversaciones que surgían durante una compra.
Frente a una actualidad marcada por la rapidez y los pagos digitales, expresa su nostalgia por aquellos intercambios que también eran oportunidades para encontrarse con otros.
"Extraño el peso de la gratitud tangible, la música de las monedas cayendo en la palma de la mano y esa CALIDEZ HUMANA que la prisa moderna no supo conservar", escribió.
Una invitación a recuperar los recuerdos
Hacia el final de su publicación, Nora invita a quienes la leen a compartir sus propias experiencias.
"¿Fuiste también dueño de este tiempo, o te guardas otras esquinas en tu corazón?", pregunta.
Su relato recupera una forma de vivir en la que los pequeños momentos, los encuentros entre vecinos y las costumbres cotidianas tenían un valor especial.
Una postal del pasado que invita a los lectores de Madryn a abrir sus propios recuerdos y contar qué personajes, lugares y sabores todavía conservan en la memoria.
Fuentes: Nora Liliana Arce, publicación personal en Facebook.