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Final feliz para el ciclista varado: Le donaron una bicicleta rodado 29 y retomará la Ruta 40

Tras sufrir el robo de todas sus pertenencias en Puerto Madryn y quedar varado en la terminal de Trelew, el ciclista misionero fue asistido por la comunidad y una bicicletería local que le donaron un rodado 29 para retomar la Ruta 40.

Equipo de redacción de Madryn Ahora
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 La desilusión y la incertidumbre que empañaron el viaje de Sebastián Gastón Fajardo se transformaron en un emocionante capítulo de solidaridad. El ciclista oriundo de Misiones, que hace unos días había quedado completamente varado tras sufrir el robo de su bicicleta y su equipo de acampe en Puerto Madryn, recibió una nueva herramienta de viaje gracias a la movilización de la comunidad y al compromiso de un comercio local.

Sebastián, un experimentado viajero con 23 años de rutas en sus piernas y travesías por Colombia, Ecuador, Venezuela y Bolivia, se encontraba refugiado en las instalaciones de la terminal de ómnibus de Trelew. El hecho delictivo ocurrió en la zona costera de Puerto Madryn, frente a una conocida rotonda, en un descuido de apenas unos minutos. "Me crucé a un negocio a comprar y me robaron la bicicleta. Compré un poco de fiambre y salí, y ya no estaba más", había relatado Fajardo con resignación tras el hecho.

El daño para el ciclista fue total, ya que en el rodado trasladaba toda la infraestructura para su supervivencia: una carpa, ollas, indumentaria y su teléfono celular, lo que lo dejó completamente incomunicado. Al llegar a Trelew a bordo de un camión que lo alcanzó por la noche, pasó sus jornadas frente a la parada de taxis, subsistiendo gracias al apoyo de los trabajadores del lugar. A pesar de encontrarse, según sus propias palabras y entre risas, "más seco que Chaplin", el misionero se mantuvo firme en su postura: "Yo no le pido plata a nadie. Solamente conseguir una bici y agarrar, abrazar a las personas y agradecerles, y seguir mi viaje".

Una comunidad movilizada

La difusión de su historia generó una inmediata cadena de favores. Cientos de vecinos de la zona se sumaron con llamados y donaciones para asistir al ciclista en su peor momento. Para Sebastián, la meta final de este viaje -unir el sur argentino por la Ruta 40 para tocar Ushuaia y luego emprender rumbo a Alaska- sigue siendo un motor vital. "Es una locura linda pero a la vez divertida", manifestaba entusiasmado sobre su travesía, sosteniendo una profunda filosofía de viaje: "Despacito se llega lejos".

El hito fundamental de esta cruzada solidaria llegó de la mano de la bicicletería Lemarchand. Su responsable, Federico Lemarchand, se conmovió con la situación de Sebastián y decidió donarle una bicicleta rodado 29, superando las características del vehículo que le había sido robado y devolviéndole la posibilidad de volver al camino.

 

Volver a sonreír

Hoy, al subirse a su nuevo rodado, Sebastián no solo recuperó la movilidad que le fue arrebatada en la costa; recuperó la alegría, la sonrisa y la certeza de que la ruta también está llena de personas dispuestas a ayudar. "A mí me gusta más la bicicleta que otra cosa", había confesado el ciclista, dejando en claro que su motor es la pasión por viajar.

Con los ojos puestos nuevamente en la cordillera y con el rumbo fijado hacia Esquel, el misionero se prepara para demostrar una vez más que el espíritu viajero permanece intacto, esta vez impulsado por el agradecimiento eterno a una comunidad que demostró que, cuando se une, tiene el poder de transformar la desgracia en felicidad.

Con información de Silvina Cabrera

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