"Gracias por ayudarme a encontrar a mis hijas": el conmovedor testimonio de una rescatista de Madryn
Pamela, integrante del Grupo CEPA, relató cómo fueron las jornadas de búsqueda tras el derrumbe en Venezuela y recordó el momento en que un padre encontró los cuerpos de sus dos hijas entre los escombros.
Después de varios días de trabajo en Venezuela, donde colaboró en las tareas de rescate tras el derrumbe que dejó cientos de víctimas, Pamela, integrante del Grupo CEPA, compartió en el programa Buen Día Comodoro el lado más humano de una misión atravesada por el dolor y la esperanza.
La rescatista explicó que el viaje debió reorganizarse sobre la marcha. "La idea original era salir un miércoles, pero por distintas cuestiones no pudimos. Finalmente viajamos un viernes y llegamos a Caracas. Desde el sábado fueron jornadas de entre 12 y 14 horas todos los días, con temperaturas cercanas a los 40 grados. Pero el cansancio y el calor no importaban, la idea era llevar un poco de paz a las familias", contó.
Pamela detalló que la delegación argentina estuvo integrada por 54 rescatistas de los grupos CEPA y SER, además de médicos, enfermeros, una psicóloga especializada en rescates y numerosos voluntarios. En ese sentido, destacó el trabajo del equipo de salud mental.
"Los psicólogos no solo acompañaban a las familias, también nos contenían a nosotros para que pudiéramos seguir trabajando. Fue un apoyo fundamental", expresó.
El equipo fue destinado a trabajar en La Guaira, donde un complejo habitacional de 12 pisos y 16 departamentos por planta quedó prácticamente reducido a una estructura de dos niveles. En el lugar también funcionaban un almacén y un pelotero donde se desarrollaba una fiesta.
"Nos contaban que era un feriado puente y había mucha gente porque muchos habían salido antes del trabajo. De unos 250 compañeros sobrevivieron apenas 70, y muchos de ellos regresaron para buscar a sus compañeros y familiares porque también vivían en ese edificio", recordó.
Sin embargo, aseguró que lo más difícil fue el contacto permanente con los familiares que esperaban noticias.
"Era un trabajo muy emocional. Siempre había un primo, un hermano, un padre al lado nuestro esperando. Nosotros trabajábamos con ellos acompañándonos todo el tiempo", relató.
El momento que más la marcó ocurrió cuando encontraron los cuerpos de dos niñas.
"Me llamaron porque iban a sacar a dos personas. Cuando retiraron los escombros aparecieron dos nenitas abrazadas. El papá, que había estado trabajando con nosotros moviendo los escombros, las vio y dijo: 'Son mis hijas'. No hay palabras para contener un momento así. Lo abrazamos y lo único que repetía era: 'Gracias, gracias por estar, gracias por ayudarme. Ahora sé dónde están mis hijas y tengo un lugar donde ir a llorarlas'. Ese abrazo no me lo voy a olvidar nunca", expresó.
Para Pamela, ese tipo de situaciones reflejan el verdadero sentido de la tarea: "Más allá del rescate, muchas veces nuestra misión era darle una respuesta a las familias para que pudieran empezar a transitar el duelo. Fue una experiencia profundamente dolorosa, pero también un acto enorme de solidaridad".