Chubut en el radar nuclear: Gigante canadiense inicia la carrera por el uranio en la meseta
Con el aval ambiental de la provincia, la minera Jaguar Uranium acelera sus trabajos en el proyecto Laguna Salada, impulsada por el renovado interés geopolítico de Estados Unidos en los minerales estratégicos de Argentina
La meseta de Chubut vuelve a posicionarse en el centro del tablero energético internacional tras el desembarco formal de la minera canadiense Jaguar Uranium en el área Guanaco. La compañía ha iniciado oficialmente los trabajos de campo dentro del ambicioso proyecto Laguna Salada, un yacimiento de uranio de superficie que, con una extensión cercana a las 230.000 hectáreas, se perfila como uno de los más vastos del país. Este movimiento se produce inmediatamente después de que el Ministerio de Ambiente provincial otorgara la aprobación de la Evaluación de Impacto Ambiental, un visto bueno administrativo que llegó incluso antes de los plazos previstos por la propia firma.
La campaña de exploración que hoy se pone en marcha incluye un despliegue logístico de envergadura en territorio chubutense. Los equipos técnicos ya trabajan en estudios geofísicos y la toma de muestras superficiales, mientras se avanza en la apertura de zanjas, la construcción de rutas de acceso y el montaje de campamentos para sostener las perforaciones. Para Steven Gold, CEO de Jaguar Uranium, esta autorización representa un hito fundamental que permitirá ejecutar una estrategia de exploración acelerada, buscando certificar el potencial real de un recurso que hoy tiene una demanda global creciente.
El avance de Jaguar Uranium no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de alineación estratégica entre Argentina y Estados Unidos. Tras la reciente Cumbre Ministerial de Minerales Críticos en Washington, ambos países sellaron un acuerdo para fortalecer las cadenas de suministro de materiales esenciales para la transición energética y la defensa. Este pacto abre la puerta para que proyectos de la compañía, como el yacimiento Huemul, accedan a financiamiento federal estadounidense a través de organismos de peso como la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional o el EximBank, subrayando el valor geopolítico del subsuelo nacional.
Sin embargo, el despliegue de las perforadoras en la meseta reactiva una sensibilidad social y política que permanece latente en la provincia. Aunque las tareas actuales se limitan estrictamente a la etapa de exploración y no a la producción industrial, la sombra de la Ley XVII Nº 68 -que prohíbe la minería metalífera a cielo abierto- sobrevuela el debate. Mientras la empresa, que recientemente debutó en la bolsa NYSE American con una oferta de 25 millones de dólares, busca consolidar su presencia en Sudamérica, diversos sectores locales comienzan a manifestar sus dudas sobre el control soberano de estos recursos estratégicos y el impacto ambiental a largo plazo.
El inicio de las actividades en Laguna Salada marca así el fin de un periodo de calma en la discusión minera chubutense. Entre el entusiasmo por las posibles inversiones y la resistencia histórica de las comunidades, la provincia se enfrenta nuevamente al desafío de definir su perfil productivo. En un mundo que busca desesperadamente asegurar su suministro de uranio, el suelo de Chubut ha dejado de ser solo paisaje para convertirse en una pieza clave de la seguridad energética continental.






