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Leonela Aguirre: 16 años de una herida abierta y el silencio de una justicia que nunca llegó

Cada 16 de marzo vuelve a ser la fecha más difícil para una familia que no solo lidia con la ausencia, sino con la impunidad. Margarita Aguirre, tía de la niña, recordó las irregularidades del caso y el dolor de saber que, a casi dos décadas, no hay culpables tras las rejas.

Equipo de redacción de Madryn Ahora

La memoria colectiva y el dolor privado se entrelazan para recordar a Leonela Aguirre. Han pasado 16 años desde aquel día de 2010 en que la niña de 10 años salió hacia la escuela y nunca regresó, dejando tras de sí un vacío que la justicia argentina, lejos de llenar, terminó por profundizar con el archivo de la causa.

En una entrevista cargada de emoción en el programa Modo 17 de LA17, Margarita Aguirre, tía de Leonela y el rostro de una lucha incansable, puso palabras a una frustración que no prescribe: "Hoy es un día triste para nosotros, como todos los años. Es la única manera que tenemos de expresarlo: recordando, porque justicia no hubo", sentenció.

El inicio de una cadena de errores

El relato de la familia vuelve siempre al origen, a esas primeras horas críticas donde el tiempo vale oro. Margarita recordó la desesperación de aquel 16 de marzo cuando exigían una búsqueda inmediata. "Una nena no se puede perder, busquen ahora", suplicaban. Sin embargo, se chocaron con protocolos de espera que, según denuncian, condicionaron para siempre el destino de la investigación.

Aquel inicio defectuoso fue el preludio de un proceso judicial que la familia califica como un derrotero de maltratos. Margarita revivió con crudeza el cierre del expediente, un momento en el que, además de la falta de respuestas, sintieron el desprecio institucional. "Nos cerraron la puerta en la cara", afirmó al recordar el trato de un fiscal cuya actitud quedó grabada como una cicatriz más en el proceso.

La vida que no fue

Hoy, Leonela tendría 26 años. Su familia a menudo cae en ese ejercicio doloroso de imaginar la mujer que sería, los proyectos que tendría y el lugar que ocuparía en la mesa familiar. En lugar de eso, conviven con la sombra de un responsable que sigue en libertad. "Él tiene su vida hecha y nosotros seguimos esperando", lamentó su tía, reflejando la asimetría cruel entre el condenado al olvido y quien camina impune por las calles.

A pesar de que las marchas multitudinarias que alguna vez paralizaron la ciudad han perdido intensidad, el caso Leonela resurge con cada nueva noticia de violencia contra una mujer o una niña en la región. Para los Aguirre, cada nuevo caso es una herida que supura: "Me pongo a llorar porque me acuerdo de todo lo que vivimos", confesó Margarita.

Entre la fe y la memoria

Sin respuestas en los tribunales, la familia se ha refugiado en la contención mutua y en una esperanza que trasciende lo terrenal. Ante el agotamiento de 16 años de golpear puertas que nunca se abrieron, la resignación toma un tinte espiritual: "Si no hay justicia terrenal, que sea justicia divina".

El caso de Leonela Aguirre permanece como un recordatorio incómodo para el sistema judicial de Chubut. Es el símbolo de una deuda interna que la ciudad mantiene con sus niños y de una familia que, a pesar de todo, se niega a dejar que el nombre de Leonela se pierda en el polvo de los archivos judiciales.

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