Puerto Madryn

Madryn: un estudiante ingresó con un arma a la Escuela 775 y activaron protocolos

El hallazgo de una réplica de aire comprimido en la mochila de un estudiante de la Escuela 775 movilizó a toda la comunidad educativa, que decidió transformar el miedo en una instancia de diálogo y reflexión sobre la violencia social.

Equipo de redacción de Madryn Ahora

La Escuela 775 «Malvinas del Sur», en Puerto Madryn, se vio abruptamente interrumpida por una noticia que nadie quiere recibir en un ámbito de aprendizaje. Gracias a la intervención de una madre que advirtió una situación irregular, las autoridades del establecimiento descubrieron que un alumno transportaba un arma de aire comprimido dentro de su mochila. El episodio, que en otros contextos podría haber derivado en pánico o sanciones punitivas inmediatas, fue abordado bajo un estricto protocolo de convivencia que buscó priorizar la integridad emocional de todo el alumnado.

María Liberata Avendaño, directora de la institución, fue tajante al definir el enfoque con el que se manejó la crisis. Lejos de buscar culpables de manera simplista, la docente explicó que se trabajó bajo la premisa de que no existen "víctimas ni victimarios", sino un emergente que altera la paz escolar y genera un clima de temor que debe ser gestionado. Para el equipo directivo, el hecho de que el arma estuviera presuntamente dañada no disminuye la gravedad simbólica del acto, pero sí pone el foco en la necesidad de entender por qué un adolescente siente la necesidad de llevar un elemento de este tipo al salón de clases.

El incidente abrió un debate profundo sobre la permeabilidad de las escuelas ante la violencia que se vive en las calles. Desde la dirección remarcaron que lo sucedido no es un evento aislado, sino el síntoma de una sociedad "jaqueada" donde los conflictos externos terminan filtrándose por los pasillos de los colegios. "En la mochila deben venir los útiles escolares para uso propio", sentenció Avendaño, lanzando una interpelación directa a las familias y al entorno social sobre el origen de estos elementos y la responsabilidad compartida en la formación de los jóvenes.

A pesar de la lógica preocupación de los padres, la escuela decidió no suspender las clases. En cambio, se optó por transformar la jornada en un espacio de trabajo pedagógico intenso. Se convocó a reuniones urgentes para fortalecer el Consejo Escolar de Convivencia y se iniciaron rondas de diálogo con los alumnos para procesar el impacto del hallazgo. 

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